—Vaya, vaya, qué grandes palabras —se burló Faustino, sin sorprenderse por el cambio de actitud de don Luis—. ¿Cree que estos inútiles pueden conmigo?
—¿Piensas que un mocoso como tú, con dos mujeres, puede desafiarme? —respondió don Luis, recuperando la sensibilidad en su mano mientras miraba a Faustino con desprecio.
—¡Jefe, déjeme encargarme de este mocoso! —saltó Damián, sacando un cuchillo—. Si no puedo con él, me corto los brazos y las piernas yo mismo.
—Je je, adelante —asintió don Luis.