—¡Arréstalo y mételo a la cárcel por diez años!—gritó Ulises, caminando con dificultad, con las piernas apretadas, y haciendo muecas de dolor.
—¿Tú golpeaste a mi primo? ¿Es verdad lo que dice?—preguntó Mariana, con el ceño fruncido, acercándose a Faustino, quien no parecía haber sido golpeado.
—En cierto modo, sí—admitió Faustino con indiferencia. —Pero él no me atacó, no se atrevió—.
—¡Deja de hablar tonterías! Aunque no me haya atacado, él me golpeó y debe asumir la responsabilidad penal—pro