Al ver la furia y el miedo en el rostro de Fabio, Camilo sintió un mal presentimiento. Aun así, se mantuvo firme:
—Papá, él… ¿no es solo un campesino? ¿Por qué le tienes tanto miedo?
—¡Campesino, mierda de campesino!—gritó Fabio, furioso. —¡Faustino es un invitado de honor del alcalde! ¡Si lo provocas, estás buscando la muerte!
Su furia hizo que hablara tan rápido que casi nadie entendió sus palabras. Pero los golpes a Camilo no cesaron. Solo cuando lo dejó inconsciente como un perro muerto,