—Director Uribe, ¿qué está...? —Alejandro, al abrir los ojos, soltó un grito de horror al ver a todo el personal del hospital tirado por el suelo, derribados por Faustino.
—Preocúpate menos por ellos y más por ti mismo —dijo Faustino, quien ya se había acercado y le pisaba el rostro mientras lo miraba desde arriba.
—¿Quién eres tú realmente? ¿En qué te he ofendido? En realidad no tenemos ninguna enemistad grave. ¿Por qué tensar tanto la situación? ¿Por qué no me liberas y nos hacemos amigos? —co