Faustino escuchó los gritos fantasmales de David y se llenó de alegría al instante. ¡Sabía que había tenido éxito! Había aprendido perfectamente la técnica de acupuntura del antiguo libro y además había resuelto de inmediato el problema con Lara. David no recordaba en lo absoluto lo que había sucedido y ¡seguramente no mencionaría nada de lo sucedido esta noche!
—¡Maldito sea, cada vez que pienso en ese mocoso de Faustino me enfurezco demasiado! Voy a buscar la oportunidad de darle una verdadera