—¿Qué... qué disparates estás diciendo?
—Todo lo que he dicho son hechos. No creas que por saber pelear puedes distorsionar la realidad.
Salvador nunca había imaginado que Faustino fuera tan formidable luchador. Ante su confrontación directa, sintió un instintivo temor y retrocedió varios pasos.
En cuanto a Lorenzo y sus jóvenes acompañantes, ni hablar; al ver a Faustino acercarse paso a paso, casi se orinaron del miedo.
—¿De verdad? Parece que no entenderás hasta que te golpees contra la pared.