—Larisa, escóndete atrás.
—Cuídate y no te preocupes por mí.
Ante la situación, Faustino le dio estas indicaciones a Larisa antes de lanzarse a toda velocidad y con el rostro encendido por la ira hacia la multitud de agresores.
—¡Ja, ja, ja! ¡Qué imbécil! ¿De verdad cree que puede enfrentarse a tanta gente con las manos desnudas?
—¡Golpéenlo, golpéenlo! Mejor si lo matan aquí mismo.
Lorenzo, al ver a Faustino lanzarse contra el grupo, no podía contener una risa malévola interior. Su mirada se de