Los presentes, ya predispuestos contra Faustino y sin tener una buena impresión de él desde el principio, tras escuchar las palabras de Salvador, inmediatamente le creyeron.
Señalando a Faustino con el dedo, comenzaron a increparle y a insultarle:
—¡Mocoso impertinente! Tan joven y ya tienes la boca llena de mentiras. ¡Qué repugnante!
—¿Acaso nos tomas por tontos?
—¡Aunque te desgañites intentando convencernos, jamás te creeremos!
Por supuesto, quienes gritaban con más fuerza eran los jóvenes qu