—¡Ja! Qué sorpresa. Salir de compras y que don Lorenzo se encuentre con semejante mujer despampanante.
—Parece que don Lorenzo va a pasarla muy bien esta noche.
Los jóvenes que acompañaban al muchacho intercambiaron miradas llenas de envidia.
—Un momento, puedo pagarte por ensuciar tu ropa, pero que quieras propasarte ya es otra cosa —dijo ella.
Justo cuando el joven llamado Lorenzo estaba a punto de agarrar la muñeca de Larisa, una mano grande lo interceptó. Faustino sujetó con firmeza el brazo