Todos estaban tan golpeados que ni siquiera podían hablar, encorvados como camarones, con el dolor retorciéndolos.
—¡Carajo!, ¿este chico es tan fuerte?—, don Lorenzo sintió un escalofrío instantáneo.
Dos de sus amigos habían estudiado taekwondo.
Pero en manos de Faustino, eran como de papel, ¡fácilmente maleables!
—¡Maldito, espérame, no te lo voy a perdonar!
Don Lorenzo, impulsivamente, soltó una amenaza y se dio la vuelta para huir.
—¿Adónde crees que vas?
Faustino lo alcanzó fácilmente, le s