Dante sentía un dolor profundo, como si un cuchillo le desgarrara el pecho. La vida le parecía insoportable.
— ¡Daniela, ¿sabes que mi corazón está hecho pedazos! ¡Cómo pudiste enamorarte de él! ¡Maldito Faustino, juro por Dios que te descuartizaré!…
En la clínica de Rosalba. Habían pasado cuatro o cinco días desde que Faustino se había ido, y Larisa aún no había regresado. Gracias al tratamiento y las medicinas de Faustino, los ojos de Rosalba habían recuperado la vista por completo. Sin embarg