Capítulo 440
El abrazo tan esperado embriagó y llenó de avidez a Ximena, quien gimió.

Faustino, con una expresión de resignación, pensó: ¿Acaso, por tener buena suerte, ya no podrá ni siquiera usar las escaleras?

—Aunque pueda curarte, tienes que tener más cuidado.

—Si te lastimas, me dolerá a mí.

Faustino besó varias veces el rostro de Ximena, inhalando con deleite el aroma de su cuello.

Un perfume sutil y delicado que cautivó por completo a Faustino.

—Ay, cosquillas, deja de besarme, ve a ducharte primero.
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