Faustino se quedó observando al supervisor, quien retrocedió nerviosamente algunos pasos.
—¡Ese es Russel, el que tenía sesenta y dos victorias consecutivas sin una sola derrota! ¿Qué clase de broma es esta?
—No, esto no es real, debo estar soñando. ¡Alguien que me dé una cachetada, bien fuerte!
—¿Cómo pudo perder Russel? ¡Mi dinero, mi dinero!
—¡Russel, eres un inútil! ¡Me cago en...!
Los espectadores estallaron en gritos de desesperación.
Habían perdido hasta los calzones en esta apuesta y m