— ¡Ah… — Si el coche no tuviera un buen aislamiento acústico, el grito de Larisa habría atraído a mucha gente preocupada por un posible accidente. El coche vibró con intensidad variable durante un rato.
Después de un tiempo, Larisa ya no pudo resistir la embestida de Faustino. Se quedó completamente flácida en el asiento, como una masa inerte. El interior del coche era un desastre. Larisa temblaba inconscientemente, con los ojos entrecerrados. Agotada, se quedó profundamente dormida.
Faustino ab