Capítulo 352
El aire del coche se cargó de una intensa atmósfera hormonal, despertando los instintos más primitivos. Se escuchaban los gemidos bajos y placenteros de Larisa. De repente, Faustino se detuvo.

Larisa se quedó desconcertada. Habían llegado a este punto, era hora de continuar. Faustino, con una expresión feroz, parecía una bestia antigua a punto de devorar todo. No había posibilidad de que se detuviera a mitad de camino.

Con los ojos entrecerrados, Larisa se movió con disgusto.

— Maldito Faustino,
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