—¡Si les tocas un solo pelo, haré que todos los presentes sufran una muerte peor que la vida misma!—exclamó Faustino, cegado por la ira y con la intención de matar.
—Niñato, eres demasiado inexperto para enfrentarte a mí—dijo Benjamín, creyendo que Faustino solo intentaba intimidarlo, y con arrogancia desmedida, continuó: —¡Suéltame, o haré que les disparen!”.
—¡¿Qué están haciendo?! ¡Alto!—resonó una voz airada desde la puerta, sorprendiendo a Mateo y los demás.
Emanuel, el alcalde, junto con t