De no ser por los gritos de las mujeres, no se habrían dado cuenta de lo hermosas que eran. Dado el caso, decidieron actuar sin contemplaciones y llevárselas. Una vez que Faustino curara a Benjamín, padre e hijo podrían compartir a esas bellezas.
—¡Arresten a esas mujeres y llévenselas! ¡Son delincuentes!—gritó Benjamín.
Inmediatamente, varios policías se abalanzaron.
—¡Aléjense!—exclamó Faustino, quien, al notar la situación, sintió una ira aún mayor. Faustino repelió a los policías y corrió ha