—¡Bah!, ¡maldito, seguro que no traes buenas intenciones!
Larisa, con las mejillas sonrojadas, abrazó el brazo de Faustino.
Cuando regresaron al consultorio…
—¡Faustino… has vuelto, qué bueno!
Victoria, que estaba cocinando, se sorprendió al ver a Faustino y se emocionó mucho. Pero no supo cómo expresarse, y durante un buen rato no dijo nada.
Faustino, viéndola así, se acercó con una sonrisa.
—Victoria, ya regresé, no te preocupes más.
Victoria tardó un rato en calmar su emoción y sonrió.
—Me al