Manteniendo la postura incómoda, Alice respondió con vergüenza e ira.
No estaba mintiendo, realmente le habían dado calambres en las piernas por estar tanto tiempo en el río subterráneo. Eso no era algo que se pudiera solucionar bebiendo la sangre de Faustino.
Para empeorar las cosas, sus bragas se habían atascado en la curva de su pierna, y con el calambre, era imposible subírselas. Solo podía sentir el viento frío en su piel.
—Faustino, tiene calambres en la pierna, ¿qué podemos hacer?— Marian