Faustino soltó a Mariana y, maldiciendo, alzó a Alice.
—¡Maldito niño de porquería, no te atrevas a tocarme o te morderé hasta hacerte sangrar!—Alice, temblando de rabia incontrolable y con los ojos inyectados en furia, le clavó los dientes en el hombro a Faustino con todas sus fuerzas.
Sin embargo, para su sorpresa y frustración, el hombro de Faustino era duro como el acero mismo. Sintió como si estuviera intentando morder una placa de metal blindado, y el dolor en sus dientes le hizo soltar un