— ¿Hm? Entonces lo haré por detrás… —Faustino, no solo levantó una ceja, sino que sintió un vuelco en el corazón al aceptar. Hizo ademán de quitarle la ropa interior a Alice, esa ropa interior ajustada a su redonda, tensa y blanca carne. Incluso Faustino se encorvó un poco, acercándose intencionalmente a Alice.
— ¿Qué quieres hacer? ¡Miserable y despreciable mocoso latinoamericano! —Alice, enfadada, habló con fluidez, su rostro se congeló en una máscara de hielo; pero, lamentablemente, su cuer