—Maldito mocoso... ¿qué actitud esperas?
—¡Quisiera hacerte papilla! —gritó Alice, su trasero ardiendo por las cuatro o cinco patadas de Faustino, un dolor que se mezclaba con una intensa sensación de humillación.
Estaba enloquecida, mirando a Faustino con odio. Si no fuera por las cuatro heridas de bala, probablemente habría intentado matarlo.
—Mujer venenosa, basta, no perderé más tiempo contigo. Llévanos al detector.
Faustino iba a darle otra patada, pero la mirada de Mariana lo detuvo.
—Bien