Las palabras hirieron a Mariana como golpes certeros en su corazón.
Después de enfrentar la muerte junto a Faustino en esta tumba submarina, había desarrollado una fuerte dependencia hacia él.
—¡Las criaturas probablemente los matarán antes que a nosotras!
—¡Y aunque encuentren el detector, sin la contraseña no podrán usarlo! —se burlaron las estadounidenses.
Su lógica era clara. Durante años, el Guante Negro había saqueado tumbas reales y traficado tesoros invaluables al extranjero.
Los cargos