Capítulo 284
En un abrir y cerrar de ojos, apareció frente a Mariana y la agarró por el cuello. Parecía que esa frase había tocado su punto débil.

—Oye, suéltame, ¡me ahogo! —Mariana tenía un arma, pero no se atrevía a dispararle al cuerpo de Faustino. Sin embargo, estaba segura de que el Faustino actual ya no era el mismo.

—Hormiga, cuando hables conmigo, mantén una postura adecuada. ¡O te sometes a mí, o mueres!

Faustino soltó a Mariana y habló con frialdad.

—Tos… tos… —Mariana, con el corazón latiéndole
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