—Carlos, ¿en qué organización te metiste? ¿Puedes decirle la verdad a tu hermano? —preguntó Mario temblando, cuando Jake ya estaba lejos.
—Hermano, mejor no preguntes —respondió Carlos con una sonrisa amarga—. Cuanto menos sepas, mejor. Solo necesitas saber que no te haré daño. La señora de la organización me prometió un millón de dólares después de esta misión. Después de este último trabajo, me retiro. Con ese dinero, ¡podremos vivir bien!
—¿Un millón de dólares? Carlos, ¿estás seguro de que n