Faustino no tuvo piedad con esos dos descarados.
—¡No... no seas tan despiadado!
Nacho y Yolanda habían presenciado la fuerza de Faustino. Si recibían una bofetada, ¡se les caerían los dientes!
—¡Qué hablador!
Con un golpe, Faustino le dio una bofetada a Nacho, quien tambaleándose, dio varias vueltas antes de caer al suelo.
—¡No... no me pegues, lo haré yo mismo, lo haré yo mismo!
Cuando Faustino estaba a punto de darle otra bofetada, Nacho levantó las manos repetidamente y comenzó a abofetearse