Rosalba, aunque ciega, escuchó los golpes a Lara y, desesperada, trató de llegar hasta ella a tientas.
—¡Quítate, ciega de mierda! — Lisy la empujó sin contemplaciones, haciendo que Rosalba cayera al suelo, lastimando sus manos con las piedras afiladas.
—¡Esto es una locura! ¡Todos juntos, echémoslos de Rosal! — Algunos aldeanos querían intervenir, pero Nacho y Yolanda los detuvieron.
—Déjenlos, son asuntos de los López. —dijo Nacho—. ¡Cuidado, Lisy tiene un ladrillo en la mano! ¡No se metan, q