Larisa pensó que Faustino solo la tenía a ella, así que, naturalmente, las prendas íntimas serían para ella. Pero más de cien conjuntos... ¡la idea le parecía aterradora! ¿Se volvería Faustino incontrolable, como un potro desbocado?
Faustino se dio cuenta de la confusión de Larisa, pero no supo cómo explicárselo, así que siguió la corriente, con una sonrisa pícara.
— ¡Ay, Faustino, qué pesado eres!
Larisa estaba avergonzada y molesta.
— ...Faustino parece tan sencillo, ¿cómo...? ¿cómo es posible