—¿No es obvio? —dijo con sarcasmo.
—Victoria acaba de llegar y por supuesto que tengo que ayudarla a familiarizarse con todo.
—Esta noche me quedaré con Victoria, así que ni creas que iré contigo.
Larisa miró de reojo a Faustino, sabiendo perfectamente las intenciones que escondía. Además, después de lo de anoche, donde Faustino casi la deja sin poder caminar, todavía le dolía la entrepierna. No había manera de que esta noche compartiera la cama con él.
—Larisa, Faustino, de verdad les agradezco