Faustino comprendió al instante: era “algo jugoso” que había tragado y no se había limpiado bien. Se lamió los labios y dijo:
— Ah, tenía mucha sed, se me secó la boca.
— Ay, qué pena. ¿Quiere que le traiga agua? — Viviana, algo nerviosa, se acomodó la ropa, pero fingió disculparse.
— No hace falta. Subamos al auto, vamos a comer — Susie, sin sospechar nada, tomó las llaves de Viviana y condujo el auto con eficiencia. Ya había pagado y completado todos los trámites de seguro. El nombre del pr