—¡Eres un idiota sin perspicacia!
—¿Cómo pudimos contratar a alguien tan ciego como tú?
—¡Recoge tus cosas y lárgate! —gritó el gerente.
—¡Gerente, no puedo irme, mi familia necesita dinero para mudarse! —Adrián, ahora sumiso, suplicó con la cara roja.
—¿Ofendiste al invitado de la señorita Morales y aún quieres quedarte? ¡Entonces yo también tendré que irme!
—¡Fuera, lárgate ya!
—Gerente, ¿al menos podría pagarme mi salario? —rogó Adrián con cara de aflicción.
—¡Al diablo con tu salario, aléjat