MARION
“Volvamos adentro, Wildfire. Ya se ha puesto el sol.” Bajé de mi semental negro, mis botas aterrizando suavemente sobre la hierba. El aire fresco de la tarde nos rozó, el horizonte se desvaneció en púrpuras y grises. Me giré, extendiendo la mano hacia ella.
“Vamos”, dije en voz baja pero segura.
Deslizó una pierna sobre su yegua y, por un instante, su cuerpo se deslizó entre mis manos. La agarré por la cintura, estabilizándola mientras descendía. Su peso me presionó antes de que encontrara el equilibrio. Pero no se apartó de inmediato. Sus ojos se encontraron con los míos, cálidos y provocativos, sus labios curvados en esa sonrisa burlona que siempre me hacía querer poseerla en ese mismo instante.
“Suave, Sr. Whitfield”, susurró.
“Siempre.” Mis manos se demoraron un instante más de lo debido antes de soltarla por fin, no sin antes rozarle la cadera con el pulgar. Los caballos estaban inquietos, pateando el suelo, percibiendo el cambio en el aire. Le di unas palmaditas a mi seme