La mirada de Estefanía era triste, pero a pesar de ello, su rostro transmitía una luz especial. Bajé la mirada para seguir observando; una mano del Conde posaba en la muñeca de su esposa como símbolo de dominación. Líneas perfectas conformaban el rostro de su cara sin expresión.
—Ángel caído, oscuro y escondido bajo la piel del cordero, y ella inocente, delicada y hermosa. Los dos eran contrastes de colores cálidos y fríos.
Estefanía y yo éramos tan diferentes pero tan parecidos a la vez. La m