Capítulo 30
El ascensor se detuvo con un suave ding, y las puertas se abrieron al ático de Aldric. El espacio, de líneas modernas y luz tenue, estaba diseñado para la intimidad, cada sombra y cada reflejo pensados para despertar los sentidos. Bianca salió con el corazón latiendo desbocado, el bolso apretado contra su pecho, la tarjeta SD y el informe médico quemándole en las manos. Su mente bullía de adrenalina, lista para revelar la verdad, pero cuando sus ojos encontraron a Aldric, todo lo demás se desvan
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