Capítulo 30

El ascensor se detuvo con un suave ding, y las puertas se abrieron al ático de Aldric. El espacio, de líneas modernas y luz tenue, estaba diseñado para la intimidad, cada sombra y cada reflejo pensados para despertar los sentidos. Bianca salió con el corazón latiendo desbocado, el bolso apretado contra su pecho, la tarjeta SD y el informe médico quemándole en las manos. Su mente bullía de adrenalina, lista para revelar la verdad, pero cuando sus ojos encontraron a Aldric, todo lo demás se desvaneció.

Él estaba de pie en medio del salón, apenas vestido con un pantalón de chándal gris que colgaba bajo en sus caderas, dejando al descubierto los músculos tensos de su abdomen y un rastro de vello que desaparecía bajo la cintura. Su cabello oscuro y revuelto caía sobre su frente, y esos ojos, pozos profundos y magnéticos, la atraparon como siempre, robándole el aliento. Bianca sintió un calor líquido recorrer su cuerpo, un deseo primitivo encendiéndose en cada fibra de su ser. El informe, l
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