Bianca había decidido que ya era suficiente. Después de aquel encuentro en el jardín, donde Aldric se había alejado, ella había tratado de convencerse a sí misma de que lo mejor era seguir adelante. Es lo mejor, se repetía una y otra vez, como si esa frase pudiera anular el torbellino de deseo y confusión que sentía. Su cuerpo gritaba por él, su mente le decía que huir. Y lo había hecho. Aldric había aceptado su decisión sin protestar, un caballero como siempre. Ya no visitaba la mansión Lancas