La atmósfera en la entrada de la mansión se volvió irrespirable. Alessandro, tras bajar de su deportivo con una parsimonia que solo acentuaba su furia, le hizo una seña a Audrey para que se apartara de Gael y los niños. Ella accedió, caminando unos metros hacia la sombra de un roble centenario, sintiendo el peso de la mirada de Gael en su espalda.
En cuanto estuvieron fuera del oído de los demás, Alessandro se inclinó hacia ella. Su proximidad, que la noche anterior había sido un refugio, ahora