Al bajar las escaleras, el murmullo de las sirvientas en el vestíbulo la detuvo.
—...no le baja la fiebre con nada —decía una, preocupada—. El doctor vino temprano, pero el señor sigue ardiendo. Dice que es un resfriado, pero ya sabemos que el señor Alessandro no se enferma nunca, y cuando lo hace, le da muy fuerte.
Audrey se acercó, sorprendiendo a las mujeres.
—¿Qué pasa? ¿Alessandro está enfermo?
—Sí, señora. Amaneció con una fiebre muy alta. Está en su habitación, pero se niega a que llamem