El sol del mediodía caía sobre la mansión con una intensidad dorada, transformando el jardín en un refugio de frescura y risas. El aroma a carbón y carne asada comenzaba a impregnar el aire, mezclándose con el olor a cloro y al bloqueador solar que Audrey le aplicaba con paciencia a los gemelos antes de dejarlos lanzarse de nuevo al agua.
Cerca de la gran parrilla de acero inoxidable, Alessandro y Marcus oficiaban como los anfitriones del asado. El pelinegro, con un delantal oscuro que contrast