Al día siguiente, el aire en la empresa se sentía inusualmente denso para Audrey. Cada vez que la puerta de la cafetería se abría, el aroma a café tostado y especias, que antes le resultaba reconfortante, la golpeaba como una ola física de náuseas. Aprovechando la hora del almuerzo y la ausencia de Alessandro, quien se había marchado a una reunión externa, se escabulló hacia la farmacia más cercana. Con el corazón martilleando contra sus costillas, compró tres pruebas de distintas marcas, busca