Los días siguientes trajeron una calma necesaria. Alessandro se encargaba de animar a Audrey, quien a pesar del éxito profesional, cargaba con la melancolía de la traición de sus padres. Él la escuchaba durante horas, validando su dolor, recordándole que la familia no siempre es la que comparte la sangre, sino la que decide quedarse.
Para celebrar la mejoría de su herida, que ya cicatrizaba permitiéndole movimientos más fluidos, Alessandro organizó un picnic en el jardín. Era una mañana radiant