Esa mañana, la mansión Miller estaba mucho más ruidosa que de costumbre.
Ya había maletas pequeñas alineadas en el vestíbulo principal, porque Althea y su familia pensaban regresar esa noche. Los niños corrían de un lado a otro con una energía que parecía imposible de agotar, mientras el personal se movía en medio de un caos que desaparecería en unas pocas horas.
Entonces la casa volvería a quedar en silencio.
Naomi estaba de pie a la entrada del comedor, con una taza de té en las manos, observá