—¡Cielo santo!
La puerta del auto se abrió. Trent bajó primero. Mantenía la expresión cortés de siempre, pero su paso era firme. Detrás de él salió Vincent mientras se acomodaba el saco.
Naomi cerró los ojos un momento.
—Claro que no iba a ser tan fácil salir.
Vincent tocó la ventanilla del taxi. El conductor la bajó, nervioso.
—Disculpe la molestia. Esta pasajera se irá con nosotros.
—No pienso ir —respondió Naomi.
Vincent inclinó la cabeza hacia ella.
—Señorita, por favor, no me haga quedar ma