—¡Tía Lydia! —chilló la niña con dramatismo—. ¡Te extrañé!
Salió disparada hacia Lydia e ignoró la advertencia de su padre de que tuviera cuidado. El joven, que parecía absorto en su propio mundo, también echó a correr.
—¡Ay, mis amores! —Los recibió Lydia con calidez.
Abrazó a Grace con fuerza y, en cuanto vio a Josh, hizo un puchero de ofensa fingida.
—¿Así que ya no quieres abrazarme, Josh?
—Claro que sí. —Josh se rio.
Se movió un poco para apartar a su hermana y Grace hizo un puchero furioso