Finalmente, Lydia sonrió apenas.
—No, claro que no.
—Vamos —dijo Cale con tono seco.
Salieron deprisa de la suite. El pasillo del hotel estaba tranquilo… Demasiado tranquilo; la gruesa alfombra amortiguaba el sonido de los pasos y la iluminación amarillenta hacía que todo pareciera normal. Sin embargo, esa misma quietud resultaba inquietante. Dos de los guardias de Vincent esperaban a lo lejos e indicaron que el camino estaba despejado.
Naomi temblaba de frío en los brazos de Cale. El calor que