Naomi retrocedió a tropezones hasta la pared, sin aliento, incapaz de hacer otra cosa que contemplar la escena aterrada. El hombre que la había abofeteado volvió a sujetarla y la atrajo para usarla de escudo.
—¡No se acerquen!
Vincent lo miró sin parpadear.
—Suéltala.
—¿O qué?
Vincent se movió tan rápido que Naomi apenas lo vio.
Le bastó un paso largo para llegar hasta él. De un manotazo le apartó el brazo, le hundió el codo izquierdo en el estómago y con una patada baja le barrió las piernas. E