—No.
—Porque esta historia... es larga. Y te quitará varias horas de sueño.
—No importa —respondió Lydia enseguida—. Estoy acostumbrada a desvelarme.
Cale sonrió apenas.
—Está bien... si eso es lo que quieres. —Se enderezó un poco y su expresión se volvió más seria—. Como te dije antes... no me interrumpas cuando empiece a hablar de algo que preferiría olvidar.
***
El celular no dejaba de sonar; el timbre agudo atravesaba un sueño que ni siquiera había terminado de asentarse. Lydia gimió, con el