Eli esbozó una sonrisa débil.
—Porque no debería estar aquí.
Lo dijo en voz baja, pero las palabras golpearon como un puñetazo.
—¿Quién te dijo eso?
—Yo. —Las lágrimas le volvieron a correr por las mejillas—. No soy parte de esta familia. No soy la hija de papi Chase. No soy nieta de nadie.
Althea se acercó, pero Eli retrocedió medio paso por instinto.
—Llegué a esta casa por una mentira —continuó, atropellando las palabras—. Me presenté con una identidad que no era mía. Viví dentro de una menti