El corredor hacia el ala derecha estaba más silencioso que de costumbre. Las lámparas de pared proyectaban un brillo tenue. Unos cuantos empleados seguían yendo y viniendo, pero Althea ya les había indicado que se retiraran por la noche.
Daven caminaba más despacio de lo habitual, como si adaptara su paso al de ella. No llegó a soltarle del todo los dedos a Althea.
Cuando la puerta del dormitorio se cerró tras ellos, el ambiente cambió; se volvió íntimo, cálido, tranquilo. Lejos quedaban las con