Selena levantó la cabeza porque creyó que Harold por fin había llegado. Pero los pasos que se escucharon después no eran de una sola persona. Varias personas entraron casi al mismo tiempo.
Tres hombres y una mujer.
No se acercaron a ninguna mesa; en cambio, recorrieron la sala con la mirada. Buscaban algo, concentrados. Uno de ellos llevaba un bolso grande cruzado al cuerpo. Otro ya sostenía un teléfono en alto, listo para grabar.
Selena se tensó, alerta, pero se obligó a mantener la calma. Sacó