Su voz sonaba suave, pero contenida, como si se guardara algo. Intentaba mantener la calma, pero la mirada la delataba. Era la preocupación de una madre por su hija. Daven volteó la cabeza.
—Está adentro —respondió seco, aunque esta vez con un tono más grave.
Riana asintió despacio; por un instante se le cortó la respiración. Clavó la vista en la puerta, como si pudiera ver a través de ella.
—Althea es fuerte —murmuró, más para tranquilizarse ella que para tranquilizar a los demás.
Nathan estaba